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Sexo rojo en el Ateneo


 

Fue finalizando los años 80 que el reconocido dramaturgo venezolano José Gabriel Núñez, ideó dos monólogos que estrenó en la Sala Juana Sujo de La Casa del Artista, a saber: Soliloquio en negro tenaz y Soliloquio en rojo empecinado, los mismos causaron tanta impresión, que rápidamente llegaron a la cúspide del éxito e incluso nos representaron en varios países fuera de nuestras fronteras, se trataba de dos actrices en un solo espectáculo, el primero lo representaba la célebre Gladys Cáceres (hoy residenciada en Miami) y el segundo estaba a cargo de la versátil Virginia Urdaneta. Con el correr del tiempo, estos monólogos se han convertido en casi un clásico de nuestro teatro, y dan muestra de las características fundamentales de la dramaturgia de Núñez: el mundo femenino, donde ellas se desatan y muestran sus más recónditos deseos, frustraciones, amores y desamores, pero sobre todo sus perversiones a voz en cuello.

Después de ese exitazo, las actrices, cada una por su cuenta, decidieron tener en su repertorio cada monólogo y lo comenzaron a representar individualmente. El Rojo empecinado, cumplió temporada en la Sala Rajatabla, repitiendo el éxito del público y de crítica frente al discurso de Magdalena, una mujer frustrada que no sabe qué hacer con su frigidez y acude al psiquiatra a hacer un recuento de su terrible problema, que como ella misma define es: “una terrible mezcla entre sexo y finanzas” .

Hoy vuelve a las tablas, pero esta vez el Soliloquio en rojo empecinado, encuentra una actriz madura, con más experiencia, con otra visión de la vida que cuando lo estrenó y quien confiesa sentirse muy conmovida al enfrentarse de nuevo a un monólogo tan difícil como éste de José Gabriel Núñez, y es que el lenguaje de José Gabriel no es nada fácil, confiesa la actriz, “si no dices la palabra que él ha escrito, como la escribió, se te olvida todo”. Porque nada está de gratis, nada sobra, nada falta, en esta historia de vida de una mujer enfrentada al troglodita de su marido después de 30 años de casada y que decide sanarse.

Desde el pasado fin de semana, Virginia Urdaneta, engalana la nueva Sala María Teresa Castillo, en el Ateneo de Caracas, con su performance, haciendo reír y reflexionar a los asistentes acerca de los temas más trascendentes de la femineidad: el respeto, los roles en el matrimonio, el maltrato, el deseo carnal, la falta de consideración de los esposos, las fórmulas más eficaces para liberarse de la rutina, la infidelidad, la maternidad y crianza de los hijos y cómo evitar el hastío de una relación marital agotada.

Lo anterior, podría sonar a temas muy serios, pero en la pluma de José Gabriel Núñez, esta trascendencia se transforma en fino humor negro que el público agradece, un texto inteligente en boca de una primera actriz, como lo es Virginia Urdaneta no puede más que convertirse en un plato delicado y gustoso de ingerir. En un manjar que nadie debe perderse, menos aún en la estricta intimidad de este nuevo espacio teatral, ganado para nuestra golpeada ciudad, donde se tiene la posibilidad de una cercanía inusual con el artista.

Por donde quiera que se mire, Soliloquio en rojo empecinado, en su nueva temporada, llega renovado, con nuevos bríos y resulta ser un teatro de texto sumamente comercial, en el que no hay desperdicio alguno, sino un espectáculo redondo que ninguna mujer que pase por Caracas debería obviar y hasta llevar a sus parejas para que juntos piensen acerca de lo importante que es mantener una relación entre dos y no en soliloquio.

 

 

Comentarios: luisalbertorosas@gmail.com

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Luis Alberto Rosas

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