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Sebastián Falco: Lo que más me apasiona de ser actor es el poder de transformarte»

Sebastian Falco

Por Katty Salerno
Curadas

Sebastián Falco vive entre Venezuela e Italia, sus dos países.

Nació en Caracas porque sus padres se trasladaron a la capital para que el nacimiento del niño se diera en las mejores condiciones posibles. Cuando llegaron de Italia como emigrantes, el joven matrimonio se asentó en Portuguesa, donde el futuro padre se dedicó a la agricultura y la madre primeriza a ayudarlo en todo lo que pudiera.

Sus primeros cuatro años los vivió en el estado llanero; pero, y de nuevo pensando en lo mejor para el hijo, sus padres decidieron mudarse del todo a Caracas para que el pequeño tuviera una mejor educación, un mejor futuro. Así comenzó sus estudios en el colegio Américo Vespucio, institución fundada en 1958 con el propósito inicial de dar educación a los hijos de inmigrantes italianos que, por estar recién llegados al país, no hablaban español.

En ese colegio, Sebastián Falco descubrió su gran pasión: la actuación. Una experiencia que ha disfrutado desde la infancia y en la que ha destacado como actor, director, productor, escritor y docente. «Lo que más me apasiona del trabajo como actor es el poder de transformarte», nos dijo en esta entrevista exclusiva con Curadas.com en su más reciente viaje a Venezuela, donde dirigió dos obras: Reputación dudosa y Síndrome Malpica, las cuales seguirán en cartelera durante 2023.

Su debut como actor fue en el teatro, a los dieciséis años, con las óperas rock Jesucristo superestrella y Joseph, ambas escritas por los famosos autores Andrew Lloyd Webber y Tim Rice. En su trayectoria de más de cuarenta años ha actuado en una larga lista de obras teatrales que le han hecho merecedor de galardones como el Premio Municipal de Teatro como actor de reparto (1993) y mejor actor (1998); y del Premio Critven, en 1984 y 1988, ambos como mejor actor, que otorga el Círculo de Críticos de Teatro de Venezuela.

En televisión ha actuado en incontables series y telenovelas. La primera fue Rebeca, en 1984, por la cual obtuvo el Premio 2 de Oro como actor revelación de ese año. Por Ilusiones y Niña mimada obtuvo el Meridiano de Oro como mejor actor en 1995 y 1997, respectivamente. En cine lo hemos visto en las cintas Homicidio culposo (Cesar Bolívar, 1982); 100 años de perdón (Alejandro Saderman, 1998); El caracazo (Román Chalbaud, 2005) y en Abril (José Antonio Varela, 2018), entre otras.

El tiempo ha pasado y ya los padres de Sebastián Falco son octogenarios. Por ellos, él pasa ahora mucho tiempo en Italia, para poder cuidarlos y retribuirles el afecto y los cuidados que recibió como hijo.

¿Cuál es la mejor herencia que has recibido de tus padres y que te ha servido para ser quien eres hoy?

La honestidad, definitivamente. El concepto del trabajo honesto. La lealtad, el amor por Venezuela. Eso lo llevo conmigo como una marca indeleble. Uno no piensa en esas cosas, uno simplemente es eso. Desde hace unos años vivo en Italia, al igual que mis padres, pero llevamos a Venezuela sembrada en nosotros. Somos venezolanos, somos “Hecho en Venezuela”. En el caso de ellos, que emigraron a los 17 años, siendo muy jóvenes, pasaron toda su vida en Venezuela, más de sesenta años, así que son venezolanos. Y yo, por supuesto, soy venezolano.

¿Hay algún recuerdo de tu infancia que te conecte con la actuación?

Pues sí: los actos culturales en mi colegio (risas). Yo estudié en el colegio Américo Vespucio, en Los Chorros. Esos actos culturales me impregnaban una cosa mágica que me sacaba de la cotidianidad, los disfrutaba muchísimo. Luego, no me conformé con los actos culturales, sino que también me integré al grupo de teatro del mismo colegio. En ese entonces tendría nueve años y de allí en adelante ya nunca dejé de actuar.

En ese instante, supe que quería ser actor. Pero más que un saber intelectual, me di cuenta de que donde mejor me sentía era sobre un escenario. También haciendo deportes, porque hice mucho deporte; practicaba fútbol y atletismo, corría en 100 y 200 metros planos. Eran dos contextos que me fascinaban y me apasionaban. Ambos los desarrollé paralelamente, incluso hasta después de haber entrado a la universidad, donde cursé la carrera comunicación social. Me enfoqué de lleno en el arte, primero en el teatro universitario y de allí en adelante en la televisión y el cine. Nunca he abandonado el camino de la actuación.

Estudié en la Escuela Nacional de Teatro, que ya no existe. Quedaba en la avenida Andrés Bello, en el cruce con la vía que sube a Venevisión. Mi profesor de actuación fue Luis Márquez Paéz. Eso era pasión absoluta. Y ya en el ámbito intelectual, la posibilidad de entender muchos aspectos técnicos de este oficio que, por supuesto, siempre potencian el talento que puedas tener.

Además, estudié otras técnicas actorales. Estudié las técnicas de Stanislavski, de Bertolt Brecht, de Meyerhold, tanto en Venezuela como en el exterior, porque también lo hice en Berlín (Alemania) y en Milán (Italia). En Venezuela, también a través de los festivales internacionales que se hacían y al que venían los mejores directores y grupos de teatro del mundo. Esa fue una iniciativa creada y llevada adelante por Carlos Giménez, fundador y director de Rajatabla. Para ese entonces yo era integrante del grupo Theja. Aprovechábamos toda esa experiencia de esa gente, que dictaba talleres en el marco del festival, lo que le permitía a uno avanzar y mejorar profesionalmente.

¿Con cuál obra debutaste?

Debuté en teatro, a los 16 años, con el musical Jesucristo superestrella y luego Joseph, fueron montajes seguidos. Eran operas rock de Broadway que se montaron en Caracas en esa época. Luego se abrió el espectro de la televisión y el cine. Mi carrera en televisión la hice casi toda en RCTV, durante más de veinte años.

Al escoger una obra de teatro, sea para actuar, dirigir o producir, ¿qué te motiva a seleccionarla?

Lo que me motiva a escoger una obra de teatro es, obviamente, que me mueva a leerla, que me haga volar imaginativamente, que me haga plantearme una propuesta distinta en el escenario; que sea entretenida y que deje siempre algo en el espectador. Como actor estoy alineado en lo mismo, es decir, que sea un personaje que me brinde la posibilidad de crear y de exigirme en otras circunstancias, con otras destrezas, de personajes que anteriormente haya interpretado. Que me permita medir lo versátil que pueda ser, lo distinto que pueda ser entre un personaje y otro. Creo que ahí esté mi leitmotiv. Lo que más me apasiona del trabajo como actor es eso: el poder de transformarte.

¿Cuándo empezaste a escribir?

Yo he escrito toda mi vida. Lo que sucede es que al principio era una cosa muy para uno. Escribía relatos, cuentos, poesía. Era muy chamo. A medida que fue pasando el tiempo le fui dando cuerpo a esto. Empecé escribiendo teatro, recientemente fue que comencé a publicar mis libros. En materia artística, he escrito sobre el tema de la actuación y en torno al poder que el teatro ejerce o que podría ejercer en personas con discapacidad intelectual. Mi libro titulado El mejor regalo (2020), habla sobre ello. Y en el campo actoral tengo La actuación, su sentido místico (2019), que habla de cuáles deberían ser las características del actor del siglo XXI.

También escribí Más allá del cuerpo (2018), que tiene que ver con sanación cuántica, por una experiencia que tuve en 2014, cuando me detectaron un cáncer terminal. Sentí que debía hablar de esa experiencia, con la intención de que ese libro sirviera como una referencia para entender que somos más los que nos sanamos de enfermedades como esta y que no todo está dicho cuando te sentencian.

Mi último libro se llama Regresar, la humanidad nos requiere de vuelta (2022). Es una reflexión en torno a hasta donde hemos llegado como especie y qué podríamos hacer o intentar hacer desde nuestro jardín, dentro de nuestro espacio, para revertir un poco este caos que parece cobijarnos a nivel mundial.

Háblame de esa experiencia a la que te referiste.

En 2014, después de regresar de un viaje a Estados Unidos, me diagnostican un cáncer terminal y el médico me sentencia a dos meses de vida. Sin embargo, yo decido buscar otra opinión. Gracias a esto me consigo con un médico maravilloso que me dice que si bien es verdad que estaba en fase terminal, estadio IV, como ellos lo denominan, él estaba dispuesto a hacer todo lo que fuera posible y no me dio ningún plazo.

Acompañé a la ciencia con un radical cambio de creencias. Yo había leído muchísimo sobre física cuántica y epigenética conductual y sabía que todas las experiencias que se viven son responsabilidad de uno, incluyendo las mal llamadas enfermedades incurables. Esto parece ciencia ficción, pero es real, es así. Es algo en lo que yo creo y no tiene nada que ver con religión, es ciencia. Las cirugías, las quimioterapias, las radioterapias, todo aquello que me tuvieron que realizar desde el punto de vista médico, lo acompañé con este aspecto espiritual y energético y vibracional para revertir en menos de ocho meses el dictamen del primer médico.

Ya han pasado siete años y me encuentro en perfecto estado de salud, hago muchísimo ejercicio. Creo que mi cuerpo esta mejor que antes, mis condiciones físicas son mejores que las de antes (risas). Más que método alternativo considero que este método es esencial, porque es como regresar a la fuente, a ese poder, a ese foco espiritual que todos tenemos y que traicionamos porque no creemos en él.

¿Por qué volviste a Italia? ¿Qué estás haciendo allá?

Yo he ido a Italia toda mi vida. Mi familia es de allá, así que siempre iba de visita, de vacaciones. Cada uno o dos años pasaba allá el verano o las Navidades. Para mí no es un país ajeno. Es mi segunda patria, por decirlo de alguna manera. Todo me es conocido, hablo el idioma, entonces se me hace cómodo vivir allá. Antes viví cinco años en Estados Unidos. A mí me encanta Italia. Además, para mí es importantísimo estar cerca de mis padres; poder verlos, cuidarlos, estar pendiente de ellos, ahora que son personas octogenarias.

Entre 2017 y 2021 fui director artístico adjunto de La Scala, en Milán. A principios de 2021, como consecuencia de la pandemia del coronavirus, todo fue prácticamente cerrado, lo que dificultó mucho el desarrollo de la labor teatral no solamente en Italia, sino en el mundo entero.

Pero en ese período como director adjunto me encomendaron la tarea de generar proyectos alternativos a lo que siempre ha hecho La Scala, que es ópera y ballet clásicos. Entonces se planteó la idea de montar óperas rock a través de street art o arte urbano y así estrenamos, con la fundación La Scala como patrocinante, El fantasma de la ópera y Otelo. Esto lo hicimos en Roma, porque también los espacios eran alternativos y eso nos permitía jugar con los lugares. Hacerlo en la calle, fuera de los teatros, fue una experiencia fabulosa porque permite a los artistas pintar en un contexto diferente, en una atmósfera diferente.

Además, en Europa hay un circuito teatral interesantísimo, por lo que no solamente hacíamos giras con esos espectáculos dentro de Italia, sino también por distintas ciudades europeas. Es un circuito magnifico, maravilloso, desarrollado, que te permite mostrar tu trabajo, tu propuesta, dentro y fuera del país donde nació.

En este momento estoy en Caracas. Además de disfrutar de mi ciudad que tanto amo y que es oxígeno para mí, monté, junto a Jorgita Rodríguez y su mágica mano para la producción artística, la pieza Reputación dudosa, escrita por Luis Fernández. Estrenamos en el Centro Cultural BOD la primera temporada. Ahora me voy a abocar a dirigir otro espectáculo, escrito por mí, Síndrome Malpica.

En Italia estoy escribiendo, estoy haciendo teatro, y se seguirán generando proyectos en la medida en que uno vaya accionando y se los vaya imaginando. También estoy haciendo doblajes, algo que he hecho toda mi vida. Empecé aquí en Venezuela haciendo doblajes de telenovelas brasileñas, luego de eso comenzamos a hacerlo para comics, series, películas. Esto nunca lo he abandonado. En Italia lo hago para Cinecittà, porque allá todas las películas extranjeras son dobladas al italiano. Es una experiencia interesantísima porque ahora lo estoy haciendo en italiano.

 

Para ver entrevista original  Sebastian Falco

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