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Las 33 variaciones de Moisés Kaufman


Marchó a Nueva York en 1987 y diez años después fue catalogado como "uno de los 10 personajes que había logrado transformar el ámbito cultural de Estados Unidos de América, en aquel año 1997", por The New York Times. Desde entonces es una versión humanista del rey Midas, pero en el teatro, ya que todo lo que hace en los escenarios o para la pantalla chica es éxito de taquilla y de crítica. Lleva dos décadas creando, triunfando y no ha parado y es por eso que ya organiza el estreno de su espectáculo 33 variaciones, en el espacio Kreeger del Arena Stage, de Washington D.C., el próximo 24 de agosto, donde permanecerá hasta el 30 de septiembre, con la posibilidad de exhibirse en el ansiado Broadway neoyorquino, la meca de los teatreros. ¡El norte no ha sido una quimera para ese Moisés Kaufman (Caracas, 21 de noviembre de 1963), hijo de judíos sobrevivientes del Holocausto!

Aunque ha manifestado en repetidas ocasiones sus deseos de regresar al terruño -vino con uno de sus más exitosos espectáculos al caraqueño Festival Internacional de Teatro del 2006- para dictar alguno de sus talleres sobre dramaturguia y dirección y hasta eventualmente hacer un montaje, estamos seguros de que ahora no piensa en otra cosa que en su apretada agenda de trabajo con la agrupación Tectonic Theater Project, fundada en 1992, su "máquina de hacer teatro", con la cual ha creado, entre otros, tres espectáculos que lo colocaron en la órbita de la nueva estética teatral estadounidense. Gross Indencency: The Tree Trials of Oscar Wilde (1995), The Laramie Project (2001) y I Am May Own Wife (2002), le dieron premios, nominaciones, dólares y prestigio, que son materiales con los cuales elaboró un impactante pasaporte que le abre todas las puertas de las instituciones públicas o particulares que apuntalan sus ambiciosos proyectos creativos, como este 33 variaciones, donde el gran personaje de fondo es nada menos que Ludwig van Beethoven (1770-1827).

Está satisfecho por lo logrado en sus dos décadas de estudio y trabajo en Nueva York. "Siempre se comienza con mucha fe en el trabajo y especialmente en las artes narrativas, que son la base del teatro mismo. Es la importancia de contar cuentos, de reanimar la historia, de tratar de comprendernos y de comprender a los demás. Y cuando el trabajo trasciende y lograr llegar al público, es muy emocionante. Es una de las pocas veces cuando uno se siente parte de la humanidad. Me parece que a eso aspiramos todos. Ya sea que tengamos a un espectador en la platea o a un millar".

El triunfo no lo ha envanecido todavía y es por eso que se niega a hablar de "claves" o "secretos" para el oficio teatral exitoso, pero revela que tiene "dos anclas o nortes que lo han guiado y lo guiarán siempre: el primero es seguir indagando: ¿Qué es el teatro?¿Cómo contamos cuentos en el escenario? ¿Cuál es la magia del arte escénico y qué cuentos se benefician de ser contados desde un escenario? Estas preguntas nos llevan un cuestionamiento formal: ¿Cómo logramos que el teatro, en un mundo contemporáneo que está en las manos del cine y la televisión, mantenga un diálogo con el riguroso planteamiento estético? Creo que mucho de nuestro trabajo tiene resonancia porque sigue un riguroso planteamiento estético. Y la segunda razón es que los temas que trato de abarcar deben permitirnos dialogar con un público de hoy. Necesito que el material al cual nos dedicamos sea válido en nuestro momento histórico. Esas dos anclas han sido los fundamentos de mi trabajo y de mi organización".

TEORÍA Y PRÁCTICA
Las palabras de Moisés Kaufman sobre su estética están corroboradas por los hechos que ha mostrado sobre el escenario. Buscó temas que atrajeran al público y lo hizo con la etapa trágica de Oscar Wilde, la sórdida tortura y crucificixión del joven Matheus Shepard y la rocambolesca vida del travestí Charlotte von Mahlsdorf (Lothar Berfelde). Tres homosexuales, de tres épocas y tres diferentes países, son los protagonistas de esa trilogía que lo catapultaron porque el público los "devoró" e incluso uno, The Laramie Project, está ahora en las videotecas y es símbolo de esa América oscura, excluyente, que está ahí, agazapada, para dar otro zarpazo cuando menos lo espere la gente.

¿Qué hará ahora con Beethoven? Desde el 2004 ha estado trabajando en su proyecto dramatúrgico de 33 variaciones y por eso lo presentó en el laboratorio teatral de Sundance bajo el título Las variaciones de un tema.
Ahí se exploran las circunstancias y el proceso creativo de las partituras de Variaciones de Diabelli de Beethoven.No hay que olvidar que en Viena, hacia 1819, el editor musical y discreto compositor Antón Diabelli (1781/1858 ) decidió publicar un volumen de variaciones sobre un vals que escribió expresamente con ese fin y solicitó una variación a 50 compositores. Schubert, Franz Liszt y Johann Nepomuk Hummel, además de Carl Czerny, lo hicieron. Pero Beethoven, casi sordo y totalmente desinteresado al principio, se obsesionó con el tema y en lugar de ofrecer una sola variación, dio 33, las cuales fueron publicadas en un solo volumen en 1824. Éstas constituyen una de las obras para piano más grandes de Beethoven y el más grande conjunto de variaciones de su tiempo, y generalmente son conocidas simplemente como Variaciones Diabelli.

¿Por qué y cómo el mítico compositor alemán Ludwing van Beethoven hizo eso? Ese el tema fundamental de 33 variaciones, la nueva pieza teatral del celebrado Moisés Kaufman, el otrora licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Metropolitana de Caracas, quien decidió variar los objetivos de su vida, aunque ya hacía teatro con Fernando Yvoski y el grupo Tespis, y se convirtió en lo que es ahora.

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E.A.Moreno Uribe

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