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La Pavlova por fin en el Municipal


¡Quién pudiera imaginárselo!  La Pavlova, con toda su gracia y su arte inconmensurable, bailó en el Municipal.

Cuán orgullosos debiéramos sentirnos aunque sea sólo por esto. Y entonces…qué pasa con nuestra memoria, si el corazón, de henchido, no nos cabría en el pecho de tanto pasado glorioso, en ese Coliseo de nuestra idiosincrasia.

No fue tarea fácil enumerar los artistas que por su escenario pasaron y se llenaron de laureles y de aplausos que aún retumban en sus centenarios balcones.

Esa labor la realizaron hace 25 años, gracias al apoyo  de la Fundación Teresa Carreño, el equipo conformado por la gran fotógrafa Marta Mikulán, quien liderizaba,  Roland Streuli, Raquel Ponte y Gladys Bravo, con la colaboración de Eduardo Feo Casas, Zapata, Caremis, Salvador Itriago, Salvador Garmendia, Elisa Lerner, Pascual Venegas, Chocrón, Luis Pardi, Carlos Ortega, Carlos Salas, Gustavo Tambascio,  entre otros, para conmemorar cien años de feliz y honrosa existencia.

Como resultado, nos legaron un  hermoso libro, “CENTENARIO DEL TEATRO MUNICIPAL DE CARACAS”, pleno de historias, anécdotas, documentación, investigaciones, relatos, entrevistas, fotos, en fin, el producto de una faena ciclópea, pues no existían archivos para esa época.

Desde José Ignacio Cabrujas rememorando la primera vez que asistió con su padre a ver una ópera, pasando por Esteban Herrera-quien manejaba los destinos del Teatro Nacional y del Municipal- testigo de aquella primera Aída, con Campiña y Gaviria; hasta  Alicia Álamo, cuya entusiasta  iniciativa promovió los festejos del centenario, al estar al frente  de la Dirección de Cultura de la Gobernación y de Fundarte.   

Memorias vivas tratando de rescatar "la memoria" de esa "inmensa bóveda por donde se han deslizado las más calificadas compañías musicales y dramáticas" en palabras de  Maria Teresa Otero.

Recuerdos, recuerdos… tarea ardua para esos hombres y mujeres recordar “su primera vez en el Municipal”, porque eran muy niños. La emoción con que narran conmueve. El anciano  teatro estaba grabado en el corazón de cada entrevistado; en  el del antiguo tramoyista, el Maestro Torres, quien con entrega infatigable levantaba noche tras noche los pesados telones y cambiaba las escenografías de cada función  durante cuarenta y cinco años…y en el del Eterno Aficionado, crítico feroz y fiel admirador… 

La Orquesta Sinfónica de Venezuela se sitió allí. Dio innumerables  conciertos gratis al público con los más grandes solistas nacionales y extranjeros. El maestro Sojo ocupaba el podio y, cuando no, su sitio preferido en uno de los balcones, para escuchar, oír, deleitarse. 

Desde su inauguración en Enero de 1.881, cuando se representó  por primera vez la ópera El Trovador, no se detiene su andar vertiginoso entre compañías de canto, música, ballet y  teatro, aunque poco, también hubo y del bueno.                                                                                                                     

Teresa Carreño, nuestra gran pianista de reconocimiento universal, quien despertó los elogios de músicos  tan insignes como  Brahms, Gounod, Liszt, Grieg, entre otros, también se presentó con su compañía. Aquí enfrentó  la ojeriza y el sabotaje de cierto sector, por la envidia que suscitaba su genial talento y su desprejuiciada personalidad. Decide así tocar el piano, dirigir la orquesta, hace de todo, para salvar la temporada. Ese trance amargo vivió la gran Teresa.                                                       

Rubinstein dejó estampada su rúbrica en el sobreviviente piano, hoy semioculto y desprotegido a un costado del palco escénico.

Entre remodelaciones, cambios políticos, reyertas callejeras, sigue aun así el Municipal llenándose de gloria: Grace Moore,  Louis Armstrong, Maurice Chevalier, Isaac Stern, Alirio Díaz, Rostropovitch, Stravinsky, Casals, Vivien Leigh,  Kraus, Pavarotti, Scotto… la memoria se inquieta; son tantos los artistas y vano el esfuerzo de reseñarlos en tan breve espacio. Pero el deber obliga a la palabra a expresar su inquietud por el querido recinto de tantas y tantas memorables noches de música, teatro y emociones. Dejarlo fenecer depende de nosotros. No hagamos como con nuestros ancianos, démosle de cuando en cuando una misericordiosa mirada.  Es nuestro Gran Teatro, queda cerquita, de Reducto a Municipal, detrás de la Onidex. 

Después de más de doce años clausurado, Fundapatrimonio  recibe la custodia para intentar restaurarlo lo más íntegramente posible, como señala Enrique Fernández.

Felizmente sirve de sede a otra orquesta, la Sinfónica Municipal, con Saglimbeni al frente.               

A un cuarto de siglo de la publicación de aquel hermoso libro, la memoria de un pasado si se quiere reciente, de glorias innegables, sigue en pie.  

El vetusto teatro se yergue de sol a sol, entre el smog y la desidia como emblema sublime de lo mejor del arte, expresado en sus tablas.
Hemos sido un pueblo afortunado, pero aún hoy, no nos queremos dar cuenta.

 

Violeta Alemán

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