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Victor Vargas contra la intolerancia


La intolerancia, o sea la falta de tolerancia en los ámbitos religiosos, sociales y sexuales, es el tema escogido por Victor Vargas para su debut profesional en el teatro, a una edad, los 40, que no es precisamente para dar los primeros pasos en tan exigente y competida disciplina artística. Pero lo hizo y de manera convincente con su pieza Mientras amanece, la cual se estrenó hace varias semanas en el Teatro San Martín de Caracas, con David Villegas y William Escalante, dirigidos por Gonzalo Cubero.Ellos materializaron un estrujante drama sobre un asesinato cometido en un motel: un heterosexual mata a un gay porque le cobró “servicios prestados”. Y además revelaron las historias íntimas de esos hombres involucrados en semejante crimen.

INGENIERO Y TEATRERO
Vargas, oriundo de Barquisimeto, pero con 15 años en Caracas, se graduó de Ingeniero en Informática por la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, aunque antes había incursionado, con éxito, en las lides literarias. Le gusta el cine desde niño, cuando uno de sus pasatiempos favoritos era crear argumentos para películas que realizaba en su imaginación. “Ojalá tenga la oportunidad de hacer cine en el futuro. Al teatro llegué justo por ese gusto de inventar historias. En una ocasión, a mediados de los ochenta, un puñado de adolescentes fundamos un grupo de teatro con el que montamos algunas de mis obras, de manera amateur, desde luego, y otras de autores venezolanos como José Ignacio Cabrujas y César Rengifo. Desde entonces quedé prendado del teatro. Por razones que no vienen a cuento estuve alejado de las tablas por más tiempo del que me hubiera gustado. Sin embargo, estoy de vuelta y espero que esta vez sea por un lapso más prolongado. En cuanto a la literatura: es algo vital para mí”.

Dice que sus maestros o tutores teatrales en su etapa de adolescente, por vivir en la provincia, fueron los dramaturgos griegos, además de Shakespeare, Moliere, Corneille, Racine y los autores del siglo de oro español. “Después vinieron los modernos O’Neill, Strindberg, Ibsen, Brecht, Ionesco, Beckett, García Lorca. En este segundo respiro que me brinda el teatro, desde 2005, llegaron Rodolfo Santana y sobre todo Gustavo Ott”.
Esta satisfecho por lo hecho en la escena. Conocía el trabajo de Villegas y Escalante como actores, pero no a Cubero como director. “Me sorprendió gratamente su dinámica de puesta en escena. Fue muy respetuoso, fiel, con la propuesta del texto. Eso se lo agradezco enormemente. Y la oportunidad que me brindó de participar en el montaje como su asistente. Para nadie es un secreto que a la mayoría de directores no les gusta que los autores se inmiscuyan en sus montajes. Verlos trabajar durante los ensayos, asistir a sus respectivos procesos creativos, ha sido una experiencia muy enriquecedora. Aprendí muchísimo de los tres. Durante el montaje podría decirse que hubo un proceso de reescritura. O más bien de edición. Ott dijo en una ocasión que él terminaba de escribir sus piezas durante el montaje; que el trabajo del director y los actores contribuían mucho a depurarlas. Suscribo sus palabras. Por ahora dejo el texto tal como está en la puesta. Quizá más adelante vuelva a él, lo rescriba”.

INTOLERANCIA
-¿Por qué un conflicto con un personaje homosexual en Mientras amanece?
-Homofóbia, racismo, xenofobia y genocidio, que es lo tratado en mi obra, no son más que diferentes tipos de intolerancia. Han servido de excusa para hablar precisamente sobre la intolerancia, un tema que me preocupa en extremo. Los venezolanos, que tenemos fama mundial de afables y receptivos con aquellos que son diferentes, para mí es un cuento que tiene más de mito que de realidad, algo que me ha costado tragar desde siempre. Hemos estrenado el siglo XXI como una sociedad con niveles muy bajos de tolerancia, niveles casi alarmantes. Algo que debería llevarnos a la reflexión a todos.

-¿Es su primera obra que llega a las tablas?
Profesionalmente sí. A mediados de los ochenta, monté mis primeras piezas de manera amateur. Por cierto, de aquella docena de obras sólo conservo dos. El resto, parafraseando a Borges, las purifiqué con la destrucción.

¿Hay otras en la “nevera”?
-En marzo de este año Loida Pérez me invitó a participar en su proyecto, Dramática Iberoamericana. Su idea era presentar, junto al trabajo de algún reconocido autor iberoamericano, obras de noveles dramaturgos locales, esos que en la actualidad luchan para que sus trabajos sean llevados a los escenarios. Piezas breves, de no más de 12 minutos de duración, escritas especialmente para el proyecto. Los espectáculos son temáticos; bien lecturas dramatizadas o de teatro mínimo. El 18 de abril pasado se estrenó, en la Sala Experimental del Celarg el primero de ellos, La rebelión de los perros, donde Gerardo Blanco, Juan Ramón Pérez, Vicente Lira, Loida Pérez, José Antonio Barrios y yo fungimos como dramaturgos locales. Oswaldo Dragún representó a los autores de reconocida trayectoria de Iberoamérica. A ese proyecto colectivo siguió, en mayo, El diablo anda suelto y, este miércoles, 19 de septiembre, Copas, boleros y maletas. Cada montaje es dirigido por un director diferente y la producción corre por cuenta de Loida Producciones. Hay otras piezas mías que esperan una nueva oportunidad para subir el telón

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E. A. Moreno Uribe

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