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Un Geranio que florece en la locura


Desde el pasado 17 de abril el Espacio Plural del Teatro Trasnocho, exhibe, la comedia Geranio, original de la dramaturga venezolana Xiomara Moreno, bajo la batuta escénica de Javier Vidal y las interpretaciones de Nacho Huett, Antonio Delli, Gerardo Soto y Raúl Hernández; junto a la producción general de KJC Producciones.
Hablar de la locura, como estado de enajenación del ser humano, es hablar de la debilidad del hombre, los escondrijos de la mente, muchos aun indescifrables, por la ciencia que los estudia, han llenado algunos vacíos, pero otros han quedado huecos; aún hay numerosas interrogantes por responder de la conducta humana y sus reacción ante distintas situaciones. La locura parece ser una de las consecuencias más conocidas para la evasión, el hombre se elude detrás de ella, opinan algunos, esquivan responsabilidades, acciones, juicios y sobre todo se escapan de sí mismos.

En el año 1988, la joven dramaturga Xiomara Moreno, irrumpió en el mundo escénico venezolano de la mano del Grupo Theja, para dejar a todos atónitos con un texto llamado Geranio, que como dice su actual director: se ha convertido en “la panoplia heráldica a la autora”[1]. Hablar de Moreno como dramaturga es hablar de Geranio, un drama cómico que invita a descifrar los laberintos de las acciones humanas y sus consecuencias. Su protagonista (un contador explotado por su tío en una empresa aduanera) es “lanzado” a un psiquiátrico donde se encuentra con tres desquiciados que le ayudarán a determinar si está realmente fuera de la realidad o no.

Hábilmente, Xiomara Moreno invita al espectador – observador- voyeur a que establezca cuál de los cuatro personajes es el que está realmente enajenado, quién tiene la verdad, cuáles de sus discursos es el más coherente o cuál de ellos merece salir de ahí, aunque la puerta nunca esté cerrada, mejor dicho “siempre ha estado abierta” como indica uno de los personajes. Una metáfora de la humanidad, ciertamente, un país, una sociedad que se encuentra o ya está inmersa en la locura.

Más pertinente no puede haber sido la decisión tomada por KJC Producciones, por iniciativa del actor Nacho Huett, de llevar a cabo esta nueva puesta en escena de Geranio– que ha dado la vuelta al mundo y ha sido traducida al portugués y al italiano- cuando el adjetivo calificativo más idóneo para la realidad nacional sea la locura. Hoy 20 años después de su estreno, este texto nos ofrece un claro espejo de las situaciones actuales, lo que lo convierte en un clásico – contemporáneo (aunque suene a opuestos) Geranio, quiere demostrar que no está loco, pero con sus acciones y relato, hace todo lo contrario, se encierra en su discurso, en sus divagaciones y no logra diferenciar entre la realidad o la demencia. En su situación, en su mundo todo se justifica frente a los otros tres personajes, pero ante sus acciones esa realidad se desploma ¿Parece algo parecido a la circunstancia política del país actual? Usted juzgue y diga.

Gracias a la veteranía de Javier Vidal como hombre de teatro, es que de nuevo podemos disfrutar de este extraordinario texto de nuestra dramaturgia. Vidal con  inteligencia, dispone de un mínimo espacio de representación: el encierro, obliga a sus personajes a transitar en un diminuto espacio, bi-frontal y vacío, una mínima sala de reclusión en donde los diálogos fluyen de la más absoluta tranquilidad, a la histeria colectiva propia de los personajes en cuestión. Muy cerca del espectador, lo que le permite como puestista crear el efecto necesario, Geranio es una pieza intimista, un teatro de texto que hay que escuchar, no hay otra manera, en un espacio mayor, sería un desperdicio. La dirección de actores hila fino, compone, desarticula y ofrece cuatro tipos de locura perfectamente diferenciados y justos para rematar las actuaciones de los intérpretes. 

Los actores por su parte disfrutan estar ahí en ese reducido espacio escénico y dan rienda suelta a su talento que sin límites se desborda sobre las tablas, unos más veteranos que otros, evidentemente por los años de experiencia pero todos a un nivel de compromiso superior y de sapiencia del oficio: Huett en su encarnación de Geranio, sorprende por su enajenación constante y violencia escénica. Delli representando a Nicolás, logra conmover de una forma sublime al espectador con un personaje bordado fino que demuestra su increíble madurez como actor, al igual que Gerardo Soto y su retórico y olvidadizo Guy, este par hace una llave perfecta que demuestra el nivel de excelencia del actor venezolano comprometido con su oficio, coronando el grupo Raúl Hernández con un divertido Guillermo, multi-sonante y coqueteando con la disociación de personalidades, coloca la chispa más hilarante del conjunto.

No hay mucho que analizar en este espectáculo, esto ocurre cuando se escoge el texto adecuado, con los actores idóneos, más una dirección de altura, acompañados de una cuidada y ajustada producción que no pierde detalle para ofrecer al espectador caraqueño teatro profesional del bueno y demostrar que, aunque los círculos cada vez intenten cerrarse más, siempre hay un resquicio que permita exponer la calidad del arte escénico venezolano, producido por nuestros profesionales especialistas y conocedores del medio.

Se ha dicho que los que vivimos de este mundo escénico, ciertamente estamos un poco dementes, por querer constantemente ser otros, es verdad, lo peor es que la locura al parecer no sólo es exclusividad del artista, traspasa a otros ámbitos y se funde con la realidad para desdibujar la raya divisoria, por eso ¿Quién estará más loco?   

[1] Tomado del programa de mano de la pieza.

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Luis Alberto Rosas

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