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Un héroe estafador en el Panteón Nacional


A mala hora murió el caraqueño José Ignacio Cabrujas aquel 21 de octubre de 1995. Dejó inacabada su gran obra sobre Venezuela, su teatro idiosincrásico, integrado por Profundo (1971), Acto Cultural (1976), El día que me quieras (1979) y especialmente El americano ilustrado (1986), quedó inconcluso, como lo analizó y criticó Francisco Rojas Pozo. El dramaturgo apuntaba sus “cañones” hacia varios héroes, algunos que esperan el Juicio Final desde el Panteón Nacional.

Él quería demostrar que no siempre la historia tiene que ser escrita por los vencedores y que las victimas pueden hacerse justicia y demostrar que las cosas no fueron como están descritas. Quería sacarlos de sus tumbas, enjuiciarlos y mostrar a los venezolanos contemporáneos las falsedades en que vivieron y los honores que se otorgaron después de sus apestosas sagas. Así pretendía evitar que ese ejemplo prosiguiera.

Pero, y ahí está el buen detalle, Lupe Gehrenbeck, alumna de Cabrujas, sí investigó exhaustivamente y al final escribió para llevar a escena su espectáculo Gregor Mac Gregor, rey de Los Mosquitos, donde con los actores Elba Escobar, Adolfo Cubas y Anabella Troconis, además del grupo musical Herencia, logró mostrar un teatro centrado en diversos aspectos históricos y no una biografía teatralizada.

Porque se trata nada más y nada menos que del general Gregor Mac Gregor, héroe de Venezuela, que además de estar enterrado en el Panteón Nacional, tuvo un increíble periplo como estafador internacional y durante sus correrías tropicales hasta inventó un país, Poyais, en lo que ahora es Nicaragua, cuyas tierras, bondades y mentiras vendió a los europeos, embaucando hasta a la mismísima Bolsa de Londres. En el Reino Unido se le cita en los estudios de economía por sus rimbombantes estafas; en Venezuela aparece en todos los libros de historia y son muchas las calles que llevan su nombre.

El relato escénico sobre Gregor Mac Gregor (Edimburgo, 24 de diciembre de 1786/ Caracas 3 de diciembre de 1845), dividido en 11 escenas se hilvana por intermedio de dos mujeres: la prima del Libertador, Josefa Antonia Lovera, su esposa, con quien procreó tres hijos y la otra es una supuesta amante parisina, Marie Rossette, periodista y simpatizante de las ideas revolucionarias suramericanas.

El espectáculo, donde hay un correcto equilibrio entre los contenidos de tesitura periodística y las formas minimalistas, presenta al estafador que abusa de su fama heroica ganada en las Américas y urde una serie de trampas creíbles para aquellos tiempos. El relato escénico se desenvuelve gracias al virtuosismo actoral de Elba y Adolfo, y es más grato a oídos y ojos por las cortinas musicales y los bailes del grupo Herencia, que deja testimonio de cómo la Venezuela negra ayudó al desarrollo de la actual nación, después de aquel siglo XIX.

Hay que reiterar que Lupe maneja el humor criollo en gran parte de sus textos, lo cual hace más placentero el espectáculo como tal, que es minimalista y centrado en los roles histriónicos.¡Qué falta hace Cabrujas por lo que no pudo hacer!

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E. A. Moreno Uribe




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