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La maldición de Shakespeare


Se dice que al morir, William Shakespeare lanzó una maldición, que se encuentra escrita en su epitafio, sobre cualquier persona que profanara su tumba.

Good friend for Jesus sake forbeare,
To dig the dust enclosed here.
Blessed be the man that spares these stones,
And cursed be he that moves my bones.

(Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras
y maldito el que remueva mis huesos)

Cuatro siglos después aún nadie ha osado atreverse a desafiar estas palabras dictadas, se cree, por el propio Shakespeare. Según cuenta el profesor Philip Shwyzer, historiador y arqueólogo de la Universidad de Exeter, el genial autor sentía horror ante la idea de ser exhumado, de que sus restos fueron movidos por cualquier motivo, y con esta sutil pero directa amenaza pretendía eliminar de un plumazo cualquier intento de profanar su tumba.




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