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Artaud (6 de 6)
Alberto Rodríguez Barrera


Un Arca de Noé muy particular



“Existe en cada loco un incomprendido genio cuya idea, brillando en su cabeza, asustó a la gente, y para quien el delirio era la única solución a la estrangulación que la vida preparó para él.”
Artaud

 "Uno no puede separar cuerpo y mente, ni el sentido del intelecto, particularmente en un campo donde la interminable repetición del cansancio de nuestros órganos pide súbitos shocks para revivir nuestra comprensión.”
Artaud


La meta más ambiciosa de Artaud era reunir por alquimia somática al Hombre y la Mujer en un hermafrodita auto-suficiente. Por consiguiente, el Artaud solipsístico no necesitaría perseguir el amor portador de dolor de otra persona y el sexo lleno de conflicto entre lo masculino y femenino, sino que sería un auto-complaciente Ouroboros. En cuanto a la trascendencia, Artaud profesaba la exaltación de uno sobre el concepto dialéctico de la tri-unidad cristiana y la coincidentia oppositorum de la alquimia. Su unidad se completaba por la aniquilación de la multiplicidad y la gran compresión de toda la Creación hacia una singularidad sin tiempo, sin espacio. Artaud era indudablemente un existencialista en su concepción de la vida, de ser lanzado hacia la muerte sin temor ni ansiedad. Esta ansiedad era somática y espiritual. La podía recordar, desde que estuvo enfermo con meningitis a la edad de 5 años. Escribe:

“Recuerdo desde que tenía 8, y aún antes de eso, que me preguntaba siempre quién era yo, qué era yo y por qué seguir viviendo... Me preguntaba por qué estaba ahí, por qué estaba ahí y qué era estar ahí, y sobre qué plantea uno la pregunta de ser o no ser si uno vive y está ahí... me pregunto quién soy yo y qué no soy yo dentro de mi cuerpo... ¿Pero en qué consiste este yo; cómo se siente lo que uno llama ser; ser porque uno tiene un cuerpo? Yo hábito, yo náusea, yo maníaco, yo asqueroso, yo calambre, yo vértigo, yo mierdoso, yo dócil que va junto con yo ser rebelde, yo respondiendo, yo lágrimas, yo ahogado en un alma escandalizada, componer un yo de un niño, una conciencia de un pequeño niño, una pequeña conciencia de un niño...”

Sí logró, sin embargo, llevar a efecto una reducción fenomenológica de la vida y la muerte, y se psicoanalizó a sí mismo por su temor a ellas. Siguió su alter ego -Paolo Uccello, como se llamó en sus escritos: Pablo de los Pájaros- en lo que imaginó que había hecho el maestro: rastreó todos los caminos de sus pensamientos dentro de su cuerpo. Por consiguiente, vivió hacia su muerte sin dolor, con una suave desintegración paralela a la entropía de su cuerpo.
 
Sin embargo, su elección para rebelarse contra la muerte fue la creatividad. Como la pintura de van Gogh, los escritos de Artaud eran una afrenta a la muerte. El arte y la vida son sinónimos. Para él el arte auténtico no era para el entretenimiento; era algo que debía darle significado a la vida del artista y, a través de él, a otros que se abrieran a su creatividad.
 
Sobre todo, el arte no es un viaje de ego para el aplauso y el reconocimiento, sino un medio para el diálogo, para la fusión con otros seres humanos, para sentir su cuerpo y alma, para permitirles respirar y temblar al unísono con el artista. Uno también se eleva a sí mismo con el arte auténtico hacia la sincronicidad, formando parte del auténtico dominio, donde todo arte auténtico se almacena para siempre, para exponerse a almas emparentadas adaptadas a la sensibilidad del artista. La “locura” para Artaud era un medio para ampliar y profundizar su conciencia hasta inflarse hacia el Auténtico Dominio en la trascendencia.

"No hay otra temática para la pureza del pensamiento aparte de la muerte”, dijo Artaud, y se reveló así como un existencialista: un compañero de Heidegger, y Camus, quien consideraba el dilema de si suicidarse o no era el tema más importante en filosofía. No tenía miedo de la muerte debido a que el amor y su sublimación en la creatividad confronta y frustra la aprehensión de la muerte.

Una revelación inducida por la “locura” puede llevar al conflicto entre la nueva conciencia del artista y su estado previo. Pero esta conciencia cambiada puede ser la base para la innovación creadora, y la revelación precipitada puede muy bien ser el fundamento para un arte más profundo y rico. Por lo tanto, la revelación es una dialéctica energizante para la creatividad. Aún así, la relación entre locura y creatividad no es lineal sino curvilínea. Alguna locura puede inducir a la ampliación de la conciencia e impulsar revelaciones, que alimentarían la creatividad, pero una locura excesiva puede ser una alternativa a la creatividad, precipitando autismo, silopsismo y auto-destrucción; esto realmente pasó, tanto a van Gogh como a Artaud. Van Gogh perdió la razón sólo cuando ya no pudo pintar más, pero Artaud eligió renunciar a la creatividad por la locura, que creía que expandiría su reino de conciencia y penetración interior.

Sin embargo, pagó un precio; se tragó la lengua, por así decirlo. Descartó razón y lógica, y cuando trató de comunicarse otra vez en el encuentro teatral con sus amigos, todo lo que podía emitirle a la audiencia eran chillidos sangrientos, incomprensibles, vergonzosos, acosadores. En cuanto a van Gogh, Artaud describió su última pintura (Campo Blanco y Cuervos) en metáforas muy descorazonadoras. Debido a que van Gogh sabía que se suicidaría en poco tiempo, los cuervos se están llevando el mal que ya no podía tocarlo. Indudablemente, los cuervos escapan porque allá abajo, en la tierra manchada de sangre, está la muerte, y los cielos bajos son igualmente ominosos. La sangre que fluye de la herida de van Gogh le dan el tono sangriento a la tierra, y la tenue luz ya estaba dejando el campo sucio con una mezcla pútrida de vino y sangre.

La más interesante innovación de Artaud es mito-empírica, surrealista e ideacional: está relacionada a su identificación con Paolo Uccello, cuyo fresco del Arca de Noé se retrata como un refugio para los dementes, los desviados y los parias. Una stultifera navis en el sincrónico Auténtico Dominio fuera de la historia. Esta Arca de Noé contiene el reservorio auténtico de mitogenes de creatividad almacenados en sincronicidad, y esperando por las “condiciones y oportunidades correctas” para aterrizar de vuelta en la historia y fructificar las tierras baldías. Mito-empíricamente, esta Arca de Noé es un limbo estructurado entre el infierno de la historia y el paraíso sin tiempo. El cuervo pertenece a los poderes del mal demiurgo. Al liberarse, no volvió. La paloma regresó con una rama de olivo, símbolo mitogénico creativo de un diálogo Yo-Usted con la historia. También el Midrash señala que Noé, antes de salir del arca, forzó la mano de Dios y le sonsacó la promesa de que no sería molestado cuando emergiera del arca para reasentarse dentro de la historia. Por lo tanto, los innovadores creativos, oscurecidos y perseguidos durante sus vidas, legarían sus creaciones de vuelta a la historia sólo cuando no interviniera el poder artístico de las claques y establecimientos.

El proceso de delegar la creatividad auténtica sobre el Dominio Auténtico dentro del Arca de Noé mito-empírica comienza con los mitogenes de anhelo y experiencia, que “elevan” la obra de arte sobre una sincronicidad sin tiempo. Esta es la mitificación artística de la realidad, prestándole significado metafísico a la historia. Artaud entendia que la vida puede ganar significado, si acaso, a través de coincidentia oppsitorum por medio del arte. La “piedra filosofal” de la alquimia es el logro artístico que transforma lo común en triunfo artístico. Sin duda, Artaud mismo anhela tomar parte del Arca de Noé trascendental por “denudation epidermique” y una emergencia de su límite de ego, que es clínicamente conocida como una de las manifestaciones de la esquizofrenia autista.

La ontología en el Arca de Noé no necesita comunicación verbal. Es la proyección mito-empírica de la temprana oralidad panteísta, o la matríz metafísica del estructurado Dominio Auténtico. Almacena las semillas del arte y la cultura para diseminar nuevamente las culturas atrofiadas, degeneradas y corruptas, borradas por disfuncionales por un despiadado grado de evolución. Artaud existió en el arca espiritual, lejos de y más allá de su cuerpo histórico. Escapó del pesado trabajo de la vida diaria y lo cambió por la moratoria de la locura. Su Arca de Noé era un lugar de liberación de la historia infernal. Era una búsqueda en el “huerto místico” del cual uno podría no re-emerger. Artaud permaneció en el Arca de Noé, sin jamás regresar, hasta su suicidio.

Algunos padres eclesiásticos creyeron que el Arca de Noé era un refugio designado por la sabiduría divina para salvar a la humanidad de desastres periódicos, que no podia impedir el buen Dios. Esta aproximación maníquea y gnóstica pudo haber influenciado a Uccello, quien retrata el Arca de Noé llena -al contrario de las Escrituras- con una mayoría de humanos enfermos, mutilados, rechazados, y liderados por una majestuosa figura autoritaria parada como al timon de una nave. El Arca de Noé, como lugar cósmico de refugio encapsulado fuera del tiempo, fue adoptado y elaborado por Artaud, repleto con una identificación psicótica con Uccello. Ucello, el pájaro, se sintió a si mismo transformado en sincronicidad fuera de la realidad. Se hizo un Noé salvado de la temporalidad.

Artaud no estaba solo en el Arca de Noé, lo acompañaban luminarias del Barroco italiano: Donatello y Brunelleschi. Estos innovadores creativos, junto a muchos otros, giran en una capsula infinita fuera de la historia buscando eternamente los recipientes apropiados de las variedades sin fin de mitogenes creativos almacenados en el Dominio Auténtico del Arca de Noé. El aterrizaje de la paloma mitogénica sobre un tiempo y lugar histórico depende de un trasfondo hospitalario para los mitogenes plántula, permitiéndoles echar raíces sobre su nuevo huesped.
 
De especial importancia fue el retrato del Arca de Noé de Uccello como refugio de los desviados, contrario a la concepción darwiniana de la evolucionaria selección de los más aptos. Esto está en línea con la hipótesis insinuada por Artaud sobre el nexo entre desviación e innovación creativa. Si los rechazados, los parias, tienen una mayor oportunidad para ver las cosas diferentemente, tanto material como estéticamente, y por lo tanto para innovar, la admisión de los socialmente divergentes en el Arca de Noé es evolucionalmente funcional para la creatividad y la innovación. De ahí, la stultifera navis histórica, que fue la solución total institucional para la encarcelación, la eliminación, de desviados, pecadores, y gente demente de las comunidades medievales, fue mito-empiricamente transformada en el Arca de Noé, el refugio ahistórico de las estructuras mitogénicas de las innovaciones creativas.

La demencia para Artaud fue un medio para extraerse a sí mismo fuera de la historia y hacia la sincronicidad, el refugio atemporal del Arca de Noé. Ahí, con las mitogénicas innovaciones del no-conformista, estigmatizado, e inspirado loco, estaría él almacenado en un limbo cultural, fuera de la historia, hasta que la rama de olivo en el pico de la paloma significara que era tiempo de que sus innovaciones aterrizaran de vuelta a la historia, donde serían bienvenidas y aceptadas, no rechazadas e ignoradas como antes. El Arca de Noé es el almacenamiento mito-empírico de las grandes innovaciones en el arte y la ciencia, proclives a “mover las cosas”, a inquietar el sistema cultural de su tiempo. Por lo tanto, el Arca de Noé es la proyección mito-empírica del Auténtico Dominio y sirve como almacén para las innovaciones extremas; cuando llegue el momento para la aceptación de estas innovaciones, entrarán a la más favorale atmósfera y serán rápidamente aceptadas por las instituciones artísticas y culturales.




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